La Lectura favorece el desarrollo
intelectual en niños con síndrome
de Down:
¿Cómo funciona su cerebro?
Diario Norte - 17 de abril de 2002
Hasta no hace mucho tiempo se pensaba que para que un niño pudiera acceder al aprendizaje de la lectura, deberia tener por lo menos seis años de edad cronológica y no valdría la pena intentarlo si tuvieran un cociente intelectual inferior a 50. Vale decir entonces, que no se hacía nada en este sentido por los chicos con Síndrome de Down, dado que las antiguas concepciones sobre este tema, aseveraban que el grado de retraso que sufrían era severo, cuando en realidad se ha comprobado en la actualidad que la mayoría funciona con un retraso leve o moderado.
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Las
teorías se han modificado debido a la acción de importantes psicólogos
y educadores, que siguiendo la escuela fundada por Vigotsky, han dado cada vez
más importancia a la estimulación temprana para ganar tiempo al
desarrollo y actuar en las funciones psicofísicas del niño a fin
de coadyuvar a su maduración lo antes posible. Es entonces que no debemos
esperar la madurez de los seis años, que los adultos establecemos arbitrariamente,
por muchos motivos, siendo el principal de ellos el que el desarrollo del niño
puede adelantarse dentro de ciertos límites como efecto de la educación.
El aprendizaje actúa estimulando a la neurona, la célula de nuestro
sistema nervioso y siempre que el mismo se imparta a través de metodologías
adecuadas aplicadas con una acción educativa persistente, produce efectos
enriquecedores en la cognición del niño, elevando a su vez su
edad mental. Ninguna función del organismo se encuentra tan sometida
a la acción del ambiente, en este caso de la educación, como la
función intelectual.
Podemos afirmar que un organismo con sus genes alterados puede superarse en
mucho con el aprendizaje, especialmente de la lectura, puesto que lo que sé
trata en definitiva, es de elevar la cognición del niño al plano
abstracto, al plano de lo simbólico, representado por los signos del
lenguaje y, por supuesto, de las matemáticas. No se trata entonces de
aprender cualquier cosa, intentar que la mente del niño sea un receptáculo
de datos vacíos de contenidos aprendidos de memoria, sino nada más
ni nada menos que llevar sus categorías conceptuales hasta donde el pueda
y también hasta donde nosotros dirijamos su aprendizaje con optimismo
y empuje. Entonces el niño con Síndrome de Down, si bien a un
ritmo más lento, puede aprender como cualquier otro. Nadie puede afirmar
hasta donde llegará. Pero, por supuesto, necesitará que sepamos
como funciona su cerebro y las delicadas conexiones que se establecen entre
las neuronas para aprender a leer a fin de que podamos implementar metodologías
acordes a sus necesidades. A estos niños les cuesta recordar lo aprendido,
debido a las dificultades que presentan las neuronas de ciertas áreas
de su corteza cerebral para asociar la información que reciben. Ello
explica la lentitud que presentan en el desarrollo del lenguaje y en la expresión
verbal. Por lo tanto, el aprendizaje de la lectura deberá basarse en
métodos audiovisuales que combinen la información auditiva con
la información visual. El método fonográfico se está
aplicando con óptimos resultados en la enseñanza de la lectura
en estos niños, quienes abrevian notablemente los tiempos de asociación
de sonidos con letras, permitiendo el logro de la decodificación lectora.