La terapéutica de la dislexia a través de sus fortalezas
Prof. María Cristina Retondaro
Diario "Norte" (Resistencia), 7 de junio de 2002
La dislexia, dificultad que impide aprender a leer a los niños normales intelectualmente y sin causa fisiológica evidente, ha sido conocida a través de publicaciones especializadas mediante la descripción de sus síntomas patognómicos. Por consiguiente omitir, invertir letras o sílabas al leer o redactar, presentar problemas de lectura y de escritura al dictado en una amplia gradiente de dificultades, que se manifiestan desde la imposibilidad de leer hasta la expresión de una lectura excesivamente lenta, incompleta y monótona, la cual afecta la comprensión del texto, o persistir notoriamente con errores ortográficos, por deficiente memoria visual o fonológica, son algunas de las variantes que presenta la combinación de dos dificultades básicas: dislexia - disortografía.

Con
respecto a las matemáticas, también en esta asignatura escolar,
se observan manifestaciones disléxicas que adquieren el nombre específico
de discalculia. Es entonces que el alumno no comprende los planteos de
problemas o enunciados aritméticos, así como de diversas operaciones
básicas que hacen a los fundamentos de nuestro sistema de numeración
decimal. Se llega al extremo, en muchos casos, de que el alumno no puede siquiera
memorizar las tablas de multiplicar.
En el área motriz, el niño o joven puede
manifestar torpeza o rigidez de movimientos, no logrando copiar un texto o realizarlo
en forma legible. Esta dificultad se denomina disgrafía, y es
de especial preocupación para el alumno porque generalmente se la subestima
sin valorizar la frustración que implica para el alumno no poder presentar
a su maestro un trabajo escrito prolijamente. Por ello erróneamente,
muchos padres la consideran una dificultad menor, cuando en realidad es un síntoma
más de una dificultad mas grave que se encuentra subyacente. Requiere
también de una terapia especializada que reeduque la postura del niño
y no solo su mano, porque escribimos con todo nuestro cuerpo. Como vemos no
es solo un problema de "buena
o mala caligrafía".
Los mencionados síntomas pueden encontrarse asociados
entre sí en diversos grados de dificultad, y persistir hasta la adultez
si no son tratados, propiciando diversos problemas de aprendizaje, que conllevan
graves consecuencias. Porque no se trata aquí de que un niño solamente
aprenda a leer con elocuencia y correcta dicción, sino algo mucho más
importante: el objetivo es que a través del conocimiento correcto de
los códigos de su lenguaje lecto-escrito, y que sin duda comienza con
la asociación impecable fonema-grafema, pueda propiciar el enriquecimiento
de sus aspectos cognitivos y de su potencial intelectual a través de
la comprensión lectora del texto. El conocimiento del código del
lenguaje es la verdadera clave para comenzar a leer y convertirse en un lector
independiente pudiendo leer cualquier palabra, aún las desconocidas.
Si este primer paso no se realiza con pulcritud, el niño verá
afectada también su calidad intelectual y su comprensión, pues
como veremos el correcto dominio del lenguaje es la base de la rectitud de nuestro
razonamiento. Y la construcción del lenguaje debe llevarse a cabo desde
sus elementos más simples hasta sus elementos más complejos. Como
un buen ingeniero que construye su edificio otorgándole cimientos seguros
y bases sólidas. Por supuesto que los cimientos no son suficientes, luego
viene lo demás, pero son indispensables, porque nuestro lenguaje
lecto-escrito es predominantemente fonético-sílábico.
Es entonces que partiendo de la asociación fonema-grafema y de la educación
y asociación de los diversos sentidos que intervienen en el aprendizaje
a modo de automatismos esenciales, permitiremos que el niño acceda a
la comprensión y elaboración creativa de textos en forma espontánea.
Porque su mente se encontrará en libertad de crear. Los automatismos
liberan a la mente, que se vuelve fecunda. El alumno no tiene que estar preocupándose
continuamente por las nimiedades como por ejemplo: ¿cómo se escribe
o como se pronuncia esta letra?, sino que debe preocuparse por otros temas:
¿qué cuento comenzaré a escribir mañana?. Y esto
es cierto, porque además de conocer las letras, el niño que no
puede narrar en forma oral o escrita, que no sabe exteriorizar su pensamiento
en lecciones orales en el colegio, no está haciendo un correcto uso de
su lenguaje. Es como si su potencial intelectual se quedara a mitad de camino.
Pero es indudable que debemos puntualizar, como en todos los aspectos de la
vida, que junto a profundos precipicios, se yerguen imponentes y magníficas
montañas.
Del mismo modo, valga esta analogía, para comprender
que la dislexia también posee fortalezas, no sabemos si por compensación
de sus deficiencias, pero a las que debemos recurrir para acelerar las posibilidades
de recuperación de quienes la padecen, porque si bien se trata de habilidades
específicas, tampoco en sí mismas son suficientes debido a que
permiten acceder al aprendizaje a través de una única vía,
por lo tanto el niño también comprende parcialmente.
Me refiero a la capacidad de representación
imaginativa, que desarrollan los disléxicos, que se denomina pensamiento
visual.
Nuestro pensamiento requiere de un soporte concreto,
de un anclaje que le brindan los procesos psicofisiológicos de nuestra
anatomía cerebral. El lenguaje oral es una superestructura que
solo el hombre puede desarrollar a través de su potencia intelectual
de índole superior, que le permite la comprensión de los símbolos
abstractos del lenguaje.
Pero en esta misteriosa síntesis que es el hombre
de procesos intangibles y realidad concreta, se impone que la manipulación
abstracta del lenguaje, se concrete de alguna forma con la realidad que vemos.
Todos pensamos con palabras y con imágenes. El disléxico
tiene suma dificultad para comprender las abstracciones verbales y entiende
lo que ve y no accede a la palabra abstracta. ¿Cómo
representar a través de un gráfico una preposición o un
artículo?. Estas barreras frenan el discurso del pensamiento y el niño
no comprende. ¿Cómo representar concretamente una letra o un sonido
abstracto? Debido a este impedimento el disléxico no recuerda ni siquiera
como se escribe una letra. Las modernas concepciones psiconeurológicas
nos dicen que más allá de los centros específicos, nuestro
cerebro piensa como una totalidad, estableciendo conexiones entre sus diferentes
áreas, como una eficiente computadora.
La dislexia no es una enfermedad. Muchos autores apoyan la hipótesis
de que ciertas áreas inmaduras de la corteza, impiden la actividad global
y coordinada de un cerebro que debe aunar lo que ve con lo que oye, con lo que
dice y con lo que hace con su mano al escribir, para formar engramas de memoria
sólidos que permitan recordar sonidos, formas, secuencias y decodificar
el lenguaje al leer , y codificarlo al escribir.
¿Cómo
explotar en su beneficio la creatividad, imaginación e intuición
del disléxico? A través de un método audiovisual elaborado
con fundamentos psicológicos y pedagógicos. Debemos rescatar la
importancia del aprendizaje como estimulador de la anatomía cerebral.
La dislexia es vencida a través del aprendizaje, que no solo estimula
áreas inactivas de la corteza cerebral, sino que además permite,
a modo de gimnasia mental, crear una red asociativa de estímulos
entre ellas que favorecen el recuerdo, y por ende la disponibilidad de material
informativo que será aplicado al aprendizaje y a la comprensión
de abstracciones. Este modo de aprender ya fue propuesto en su faz pedagógica
por Bruner y otros teorizadores cognitivos.
Por lo tanto sabemos que nuestra proposición
no es novedosa en su aspecto pedagógico. La propuesta de aprender por
la vía de la estimulación de los sentidos ya fue propuesta por
el antiguo empirismo de Locke y Hume, y continuada luego con la Escuela Activa.
La novedad reside en que proponemos aprendizajes diferentes porque se
ha hacho realidad a través del Método Fonográfico,
que el niño disléxico visualice el sonido de las letras
y concretice también la abstracción de sus grafemas en
datos visuales. De tal modo que comienza a leer desde la primer clase porque
puede asociar en forma inmediata sonidos y formas, guardando en
su memoria visual para siempre fonemas y grafemas. Estos datos constituyen
las bases del código de nuestra lengua, con lo cual el niño
lee realmente cualquier palabra salvando la dificultad básica de todo
disléxico: el no recordar formas, sonidos o secuencias.
El método es método mnemotécnico y audiovisual, y hace
posible estos resultados aun en jóvenes que no habían logrado
por años escribir o leer, con los métodos convencionales. Se trata
de una realidad verificable inmediatamente, donde los resultados no se hacen
esperar, por lo tanto no puede dejar de ser VERDAD.
El éxito inmediato levanta la autoestima del
niño y autopropulsa las etapas siguientes del aprendizaje lector, una
vez adquirido el código básico.
Este método es aplicable a toda edad y también
está obteniendo auspiciosos resultados en educación especial,
con sujetos de coeficiente intelectual disminuido y deficiencias del lenguaje
oral.
Debido a su material atractivo y diferente, favorece
la fijación de la atención en los casos de déficit atencional
y es por ello también adecuado para el aprendizaje precoz de la decodificación
lectora en niños de jardín de infantes, haciendo también
realidad una vieja aspiración de toda pedagogía: la lectura precoz.
Es por todos los motivos expuestos, que debería aplicarse a todos los
niños que comienzan a aprender a leer, como prevención de la dislexia
escolar y para facilitar el acceso a las abstracciones del código convencional.
No olvidemos que estos alumnos se encuentran en la etapa concreta de su pensamiento,
con características similares a la modalidad de aprendizaje del disléxico
visual, que según Piaget se extendería hasta aproximadamente los
once años.
También favorece la utilización correcta
del aparato fonatorio para el logro de una diáfana pronunciación
porque sabemos que las dificultades del lenguaje oral se transmiten al lenguaje
lecto-escrito.
Todo esto es posible porque la adquisición del
código lecto-escrito, por ser convencional, requiere la comprensión
por parte del niño de dos símbolos diferentes, cada uno de ellos
a su vez con su doble composición de significados y significantes. Uno
de estos símbolos se refiere al sonido de las letras, a su material acústico
y a los fonemas que los representan.
Por otra parte el alumno que comienza a leer debe enfrentarse
con otra simbología correspondiente a los grafemas, o sea las formas
de las letras escritas, utilizados como significantes para elaborar los significados
de las palabras.
Esta doble dificultad a través del Método
Fonográfico se unifica en un solo estímulo, por medio de la
visualización concreta de los códigos. El disléxico accede
entonces al pensamiento verbal en forma directa a través de su
fortaleza: el pensamiento visual, haciendo uso de este método argentino.
Aprender a leer es un derecho inalienable del hombre. La adquisición
del lenguaje lecto-escrito es la más elaborada y eficiente herramienta
para comprender y manejarse en el mundo que solo el hombre posee. Debemos apuntar
a su excelencia sin pérdida de tiempo para preservar el rico caudal intelectual
de nuestro pueblo.
Un pedagogo dijo cierta vez que el material humano universitario
comienza a cultivarse en el jardín de infantes. La tarea alfabetizadora
es por lo tanto esencial para la cultura e independencia de una nación.