La Dislexia

Prof. María Cristina Retondaro

   La dislexia es un trastorno específico de origen constitucional caracterizado por la dificultad en decodificar palabras aisladas por inhabilidad en el procesamiento fonológico, según la definición del Programa Argentino de Actualización Pediátrica. En concreto, estos niños con capacidad intelectual normal para aprender, no pueden asignarle a una letra o grupo de letras ( grafema ) un determinado sonido ( fonema ), por lo tanto, no recuerdan cómo se escriben o pronuncian, omitiéndolas o invirtiéndolas en algunos casos, o bien, llegando a la imposibilidad total de reproducirlas, y entonces no leen ni escriben al dictado.
   En otras dificultades relacionadas con la dislexia, el niño no puede dominar el lápiz y presenta una escritura ilegible y confusa; tal es el caso de la disgrafía. También se puede presentar un inadecuado dominio de los principios ortográficos y es entonces que se manifiesta en la variedad que denominamos disortografía, por la cual el sujeto repite una y otra vez los mismos errores sin poder subsanarlos ni asimilar las reglas ortográficas. Muchas veces estas afecciones van acompañadas de la imposibilidad de comprender y realizar las operaciones matemáticas, estando impedidos inclusive a memorizar las tablas de multiplicar. Todas ellas tiene un común denominador: la dificultad para recordar la expresión correcta.
Estas dificultades no guardan relación con la inteligencia del sujeto ni con su edad. Según el mencionado Programa, aún en países desarrollados, se considera que existe entre un 10% y 20% de niños que terminan la escuela sin saber leer bien.
   Si bien esta circunstancia obedece a muchas causas, en síntesis se trata de un impedimento relacionado con el procesamiento central de la información escrita, es decir, de una disfunción o funcionamiento atípico de ciertos procesos cerebrales que impiden una lectura útil.
   El sujeto disléxico, según algunas concepciones, contaría con áreas cerebrales inmaduras que le impedirían realizar en forma adecuada las asociaciones entre los diversos centros perceptivos, a fin de integrar una red de estímulos que, al unirlos, fortalezcan su memoria a largo plazo para disponer del material aprendido en forma globalizada y establecer conexiones a los fines de una lectura fluida y de la escritura al dictado.
   El niño que lee deficientemente o en forma excesivamente lenta, así como el que confunde formas gráficas y sonidos, tendrá dificultades no sólo en su lenguaje lecto-escrito presente sino también en su aprendizaje remoto, viendo muy sensiblemente comprometido su acceso a estudios superiores en el futuro, porque, en definitiva, no logrará la interpretación correcta del mensaje y de las consignas que leerá, ni podrá expresarse con propiedad en su escritura espontánea y en su narración oral. Inclusive a su vida diaria se traslada esta dificultad, apareciendo como jóvenes inmaduros y de menor edad mental que no comprenden enunciados de problemas escolares o aún simples órdenes que se les imparten verbalmente.
    No siempre esta conducta obedece a un déficit intelectual severo. Esta aparente minusvalía se supera a través de aprendizajes diferentes que estimularán su lenguaje oral y su comprensión, porque recordemos que el lenguaje es la base del pensamiento. Es un instrumento que impone orden y coherencia al razonamiento lógico.
   Se impone entonces, la necesidad de llevar a cabo una urgente tarea de interiorización de los códigos básicos del lenguaje y concientización de la semántica y sintaxis dentro de un plan integral cognitivo interaccionista, que partiendo de la fijación de automatismos básicos que hacen a la adquisición del código y a la relación fonema-grafema permitan lograr al niño o al joven, el automatismo de la lengua oral que es la base de la reflexión gramatical.
   Todo ello les permite expresar con propiedad sus pensamientos, los cuales en la mayoría de los casos, quedan en la interioridad de su mente desconectados y desordenados, sin poder expresarse con un lenguaje fluido.
   Generalmente también observamos bloqueos globales del aprendizaje por las intensas frustraciones que acarrea el fracaso escolar. En otros casos, se observan conductas depresivas o agresivas en los jóvenes, no motivadas por un trastorno de personalidad, sino que tan sólo desean explicar a través de gestos desesperados que quieren aprender, que no pueden y que no son escuchados. Los resultados del Método Fonográfico Retondaro® ya se observan en las primeras clases, y eso es motivo de que aumenten su autoestima y se sientan incentivados a cambiar su conducta porque comienzan a demostrar que son iguales a sus compañeros de clase.


LOS SINTOMAS

   Si bien se manifiestan a la hora en que el niño se ve obligado a realizar, en el primer año escolar, el aprendizaje sistemático de la lecto-escritura, cada niño presenta un manojo de síntomas que le es propio y el profesional experimentado puede detectar los factores de riesgo aun antes del ingreso escolar.
Los síntomas varían tanto en cantidad como en gradación de dificultades. Pero debe tenerse presente que todo niño que ha terminado su primer año escolar y tiene severas dificultades para el logro de su lecto-escritura, debe ser remitido a un profesional del tema debido a que el tiempo que el alumno pierde es vital para su recuperación.
   El aprendizaje escolar comienza a deteriorarse y al no realizarse en su plenitud tampoco se verá favorecido el desarrollo de su calidad intelectual, todo lo contrario, porque no accede a la comprensión de los símbolos abstractos del lenguaje, base del pensamiento. Sabemos que el aprendizaje actúa potenciando el bagaje natural del niño. Y cuando se ve privado del acceso a la comprensión de textos, su capacidad cognitiva y su razonamiento lógico, también se empobrecerán, apareciendo los síntomas de una pseudo oligofrenia.
Serán jóvenes lentos e inmaduros que aun en su vida diaria les cuesta comprender consignas y desenvolverse con prontitud y eficiencia. Se verán privados en el futuro del acceso a las universidades y a los mejores puestos de trabajo. Muchos son hiperkinéticos, están siempre en movimiento por ansiedad. Desean aprender pero no conocen la causa de su impedimento y los adultos no los comprenden reprendiéndolos porque no prestan atención en clase. Por ello, a pesar de poseer un alto coeficiente intelectual, sus calificaciones en la escuela son bajas. Confunden letras y números al escribir o bien las omiten y repiten. No recuerdan como se escriben y unen las palabras. Tienen dificultad para recordar las tablas o comprender las operaciones que realizan. Se quejan de dolores de cabeza y de estómago y al consultar al oftalmólogo éste dictamina que su visión es normal.