¿Por qué mi hijo no sabe expresar sus ideas?
Por Prof. María Cristina Retondaro
Diario "Norte" (Resistencia)
Una consulta muy común que traen los padres de niños con problemas de aprendizaje, es acerca de la dificultad que tienen para expresar sus ideas, ya sea en forma oral o por escrito.

La
secuencia narrativa no tiene sentido para estos alumnos. Cuando empiezan a decir
sus lecciones orales, se olvidan de temas fundamentales, como si no hubieran
estudiado o no hubieran leído en casa sus tareas. Tienen en la punta
de la lengua lo que quieren decir, pero es como si una amnesia de las palabras
les impidiera conformar una sola oración coherente.
Los padres insisten en que sus hijos han estudiado y hasta
ellos mismos muchas veces los han ayudado a hacerlo y a repasar sus lecciones.
Es por ello que no se explican el motivo de tales "olvidos".
Cuando el trastorno de aprendizaje abarca básicamente el área
de las habilidades verbales, el individuo puede tener serias dificultades para
expresarse por medio de las palabras. Tendrá las ideas en su cabeza,
pero no encontrará la forma de expresarlas. Este problema puede trasladarse
también a la expresión escrita.
Es entonces que como los niños no pueden explicarse lo que les sucede,
su sensación de impotencia a veces adquiere tal magnitud, que expresan
su enojo a golpes, peleando con sus compañeros debido a que también
los hacen objeto de burlas. Todo ello se suma a las interpretaciones erróneas
que hacen los adultos, al tildarlos de irascibles o de niños con problemas
de conducta, cuando en realidad, tanto los padres como los docentes no llegan
a comprender el sufrimiento del alumno, que se siente incomprendido.
Muchas veces no terminan sus trabajos escritos en clase ni sus deberes. Al reprochárseles
su "vagancia" reciben un serio daño emocional. El niño
no comprende su propio problema y a medida que crece, se afirma su convicción
de que es inútil, que no vale nada.
Todo este terrible daño psicológico es totalmente innecesario,
ya que se trata de una dificultad que puede ser corregida en gran medida pero
siempre con la comprensión y el apoyo de los adultos que lo rodean, en
especial de sus maestros.
Debido a que estos niños no tienen una dificultad visible o detectable
fácilmente y pueden asimilar el lenguaje tanto leyendo como escuchando,
es difícil para los adultos creer que no son capaces de exponer sus ideas
ya sea por escrito u oralmente, máxime que demuestran ser inteligentes
y normales en otros aprendizajes. Por lo tanto se los confunde con "perezosos"
o "distraídos".
Pueden leer un cuento con facilidad, pero nunca logran
contestar las preguntas sobre el texto. Los maestros insisten en que son niños
normales que no tienen problemas de lectura y que sólo molestan en clase.
En realidad, insisto, muchas veces nos encontramos ante niños que tienen
un problema de comprensión que puede deberse a diversas causas y antes
de diagnosticar un problema de conducta, debemos investigar si el alumno realmente
está comprendiendo su trabajo. Y esta dificultad puede no estar directamente
relacionada con un déficit intelectual. Es una manifestación específica
e independiente que forma en sí misma una entidad aparte en cuento a
los problemas de aprendizaje.
Entre las causas posibles, quizás estamos en
presencia de una dislexia que no fue detectada tempranamente a pesar de las
dificultades iniciales del alumno para aprender a leer y que fue compensada
porque el niño estaba intelectualmente muy bien dotado: Pero de todas
maneras han subsistido los déficit que pueden provocar un retraso del
lenguaje incidiendo en su aprendizaje de la lectura. Y el niño puede
compensar sus problemas pero hasta cierto límite. Recordemos que el lenguaje
posee diversos niveles de procesamiento y los niveles superiores que hacen a
la comprensión lectora necesitan que se hayan asimilado con éxito
los procesos inferiores que se refieren a los códigos básicos
de su lengua.
También es muy posible que se deba a dispedagogías,
o enseñanzas inadecuadas, sobre todo en los primeros años escolares,
que han provocado aprendizajes deficientes de esos mismos códigos.
Muchas veces los docentes están convencidos de que los alumnos conocen
el vocabulario que se utiliza en el aula en las más diversas situaciones.
Y no es así. Bastaría con que el niño desconozca una media
docena de significados, para que no comprenda un texto de una sola página.
Por ello es muy conveniente la aclaración, casi diría constante,
de términos que pueden no ser habituales para el niño. Y esta
situación es muy común en las clases de matemáticas donde
el alumno desconoce significados básicos que usa diariamente desde los
primeros años, como por ejemplo: "unidad", "decena",
"mayor", "igual", "antes", "después",
etc. En los años superiores sería interminable la lista de palabras
que según mi experiencia los alumnos desconocen de los textos que usan
habitualmente, como así también la función pragmática
o de uso de cada palabra. ¿Trabajamos con SIGNIFICADOS? ¿Les enseñamos
a los niños como las palabras cambian su significado según el
contexto? Por ejemplo, "berenjenal" significa "plantío
de berenjenas", pero "meterse en un berenjenal" significa "meterse
en un lío o problema".
¿Trabajamos también con metáforas,
elipsis, palabras compuestas, prefijos y subfijos, explicamos a nuestros alumnos
los significados diferentes de los verbos según sus tiempos?
Como vemos el tema comprensión lectora es muy
amplio, y no siempre la falla se encuentra en el niño. Debemos también
enseñarles a estudiar con métodos que le permitan organizar la
información. Y los adultos también pueden ayudarlo a clarificar
sus ideas, escuchar lo que el niño trata de decir y alentarlo a que cuente
lo que hizo durante el día.
Hay que hacerlo hablar, darle la oportunidad de practicar
su idioma. Si va al cine, otorgarle tiempo para que pueda contar la película
que ha visto en la secuencia correcta. Pero no lo critiquen. Al contrario, cuando
vean que mezcla las ideas, ayúdenlo a ordenarlas, con preguntas como:
¿"Qué sucedió primero?", ¿"Qué
pasó después?". Demuestren que lo comprenden y que lo apoyan.
Ayúdenlo a aceptar el hecho de que tiene un problema de aprendizaje y
estimúlenlo para que siga intentando. Y recuerden que es un niño
que necesita más tiempo para expresarse. Defiéndanlo cuando alguien
les diga que es tono o perezoso, porque no siempre es así.